Reflexiones de una psicóloga en crisis

No lo vi venir.

Estaba muy lejos.

Nunca imaginé este escenario.

Nunca pensé que esto podría ocurrir más que en una pesadilla o una película, pero es real, está pasando.

Hemos perdido tantas cosas…

La libertad, la normalidad de nuestro día a día, el trabajo, el contacto con los amigos, nuestro futuro es incierto, muchos han perdido la salud, incluso la vida, todos estamos en duelo.

Todavía hay quién está en estado de shock y muchos en fase de negación. Los que salen a la calle incumpliendo la cuarentena, quienes no valoran su seguridad ni la de los demás, los que no están preparados para aceptar ni siquiera para saber que su vida ha cambiado.

Pero hay que transitar este camino, resistirse no lo hará más fácil, es necesario tomar contacto con lo que está pasando, con lo que estamos sintiendo, con la tristeza y la rabia,  con el miedo y el dolor…

Hemos perdido mucho, algunos más que otros, algunas cosas irreparables ya… pero hay algo que me preocupa, las personas ya no nos miramos igual. Hay miedo y recelo en nuestras miradas, desconfianza. No nos acercamos, no nos tocamos, las distancias nos mantienen a “salvo”, el otro es “peligroso” puede contagiarnos…

¿Cómo vamos a revertir esto? ¿Volveremos a sentirnos seguros en la cercanía física con el otro? ¿En el contacto? ¿En el beso? ¿En el abrazo?… ¿Volveremos a sentirnos seguros?

Esto pasará, espero poder verlo, espero seguir al lado de la gente que quiero cuando todo termine. Y cuando pase ya nada volverá a ser lo mismo, espero que esto nos transforme como personas, como sociedad, espero que sea un gran aprendizaje, espero que nos acerque a lo que de verdad importa, espero que valoremos las pequeñas cosas de la vida, espero no volver a perderme dónde y con quién quiero estar, espero respetar mis prioridades y respetarme a mí, espero que todos los valores que ahora nos hacen grandes como personas: el amor, la generosidad, la entrega, la cooperación, la solidaridad, se queden y nos guíen en la vida… pero mientras, por favor, cuando nos crucemos haciendo la compra o en la farmacia, cuando venga un repartidor a casa, en las mínimas interacciones que tengamos, mirémonos con amor, con una sonrisa en los ojos, que el otro sepa que no es nuestro enemigo, que luchamos juntos contra el mismo adversario.

Juntos somos más fuertes. Juntos vamos a ganar.

Volveremos a sentirnos seguros.

 

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