Cerebro Materno

Una de las necesidades primarias, no aprendidas, del ser humano es la de establecer vínculos afectivos percibidos como incondicionales y duraderos.

Durante el embarazo, parto y posparto,  para que la madre pueda percibir los estímulos provenientes del niño y responder a ellos adecuadamente se producen una serie de cambios en el  cerebro materno a nivel estructural, funcional y neuroendocrino, que predisponen hacía el cuidado y atención de su bebé.

Datos obtenidos mediante imágenes de resonancia magnética reflejan cambios estructurales significativos en el cerebro materno durante los primeros meses posteriores al parto. Las imágenes muestran, entre la segunda y la cuarta semana y el tercer y cuarto mes de posparto, un aumento del volumen de la sustancia gris en el córtex prefrontal superior, medial e inferior, y en diversas áreas subcorticales como el hipotálamo (área preóptica medial), la sustancia negra y
la amígdala.

Diversas investigaciones indican que también se producen cambios neuroendocrinos, especialmente al final del embarazo, en los que está implicada la oxitocina y la dopamina que participan en los sistemas de recompensa y placer, aumentando la motivación para actuar con el bebé y la responsividad materna. Por lo tanto diferencias en los patrones de liberación de oxitocina pueden causar diferencias en el estilo maternal.

Los cambios funcionales están relacionados con cambios en la actividad cerebral de la madre ante la presentación de estímulos infantiles visuales y auditivos, como caras o llanto.

Algunos de estos cambios pueden llegar incluso a afectar el cerebro infantil, proporcionando las bases del desarrollo neurológico, socioafectivo y cognitivo infantil; es decir, regiones cerebrales que participan durante la infancia en el procesamiento de los cuidados recibidos pueden estar implicadas en la habilidad materna posterior para percibir, comprender y dar respuesta a las necesidades físicas y psicológicas del nuevo bebé nacido.

Durante el embarazo, todo en nuestro cuerpo se prepara y predispone para atender, conectar y establecer un vínculo adecuado con el bebé.

Me recuerda a eso llamado “instinto maternal”, nuestro organismo está tan bien programado que bastaría con dejarse llevar por nuestra intuición como madres a la hora de responder a las necesidades del bebé.

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