¡No puedo controlarme!

¿Te enfadas con frecuencia y pierdes el control? Normalmente cuando nos enfadamos culpabilizamos a los demás de nuestro estado, les responsabilizamos de que sus actos o sus palabras son las causantes de nuestro malestar y nuestras reacciones de ira; y eso legitima nuestro enfado.

Hoy te descubrimos que el enfado es un estado interno y que no depende directamente de la situación o de la persona a la que nos enfrentamos; si no de la forma en que interpretamos lo que ocurre a nuestro alrededor. Hoy te vamos a devolver el control sobre ti mism@ y la responsabilidad sobre tus actos.
La buena noticia…cambiar esta en tu mano.

Existen unas características personales que nos hacen vulnerables al enfado, patrones educativos, modelos de aprendizaje, creencias rígidas; luego sería determinante el estado interno pre-enfado, que sería algo así como “cómo me siento justo antes de enfadarme”, y posteriormente un disparador, una situación externa a nosotros, por ejemplo una disputa de tráfico, contrariedad de opiniones sobre como hacer algo, etc; entonces realizamos una interpretación donde valoramos estos hechos como una amenaza directa, como una injusticia, como algo que debería o no debería ocurrir y a continuación justificamos nuestra conducta dándonos permiso para actuar de manera violenta física o verbal, de forma pasiva, poniendo mala cara, estando a la defensiva o por el contrario podemos decidir solucionar el problema bajo control emocional. La conducta siempre es voluntaria, yo decido como voy a actuar y hacerlo de una u otra manera va a tener consecuencias a muchos niveles.

Uno de los costes más importantes del enfado es el daño que causa a nuestras relaciones personales, curiosamente, las relaciones que quedan más dañadas suelen ser las mejores que tenemos. Muchas personas creen que la ira la dirigimos principalmente hacia aquellos que nos caen mal; pero la mayor parte de las veces nos enfadamos con las personas que mejor conocemos, nuestros padres, hermanos, pareja y amigos. La ira también afecta negativamente a nuestra relaciones laborales. Llevarnos bien con los demás es importante para tener éxito profesional, tanto incluso como nuestra capacidad para hacer ese trabajo; a veces podemos toparnos con situaciones laborales que son a todas luces injustas y nada gratificantes; pero al reaccionar impulsivamente o airadamente estamos dando la imagen de no poder dominar la frustración; una alternativa mucho mejor sería controlar nuestra ira y buscar soluciones para mejorar la situación.

Enfadarnos no solo no resuelve nuestro problemas si no que empeora la situación ya que bajo esta emoción es difícil pensar y actuar justamente, fomenta la agresividad con las consecuencias legales que esto puede tener y causa problemas emocionales: depresión, culpabilidad, inseguridad…

Aprende a detectar las señales que te indican que te estas enfadando, distanciate de la situación y busca un espacio donde relajarte y parar la escalada de pensamiento, mira la situación desde otros puntos de vista y busca alternativas para solucionar el problema bajo control emocional.

Actuar sin ira multiplica las posibilidades de conseguir lo que deseamos en la vida.

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